270: La primera operación de Pupusito y unas cuantas más
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Descripción del episodio
¿Alguna vez te has preguntado cómo se siente un veterinario al operar a su propio gato? ¿Sabes cuáles son las cirugías por las que ha pasado Pupusito, aparte de la castración en estos 12 años? ¿Te has planteado cómo afrontar emocionalmente las intervenciones quirúrgicas de tu gatito?
Hoy hablaremos sobre las cirugías de Pupusito y cómo vivo yo los momentos de sedación y anestesia de mi propio gato.
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✅ Notas del programa:
https://www.pupusito.cat/podcast/270
🐱 En este capítulo, te voy a contar sobre las operaciones de Pupusito y algunas más 🏥 Como veterinaria felina, he vivido la experiencia de operar a mi propio gato, y quiero compartir contigo cómo se siente 😊 Pupusito ha pasado por varias cirugías en estos 12 años, además de la castración 🕰️
Te explicaré cómo afronté emocionalmente estas intervenciones, desde la primera vez que lo operé hasta las más recientes 💪 Hablaré sobre cómo, al principio, estaba muy nerviosa, pero con el tiempo y la experiencia, he ido ganando confianza 📈
Sin embargo, siempre intento tener a alguien cerca por si acaso, porque operar a tu propio gato puede nublar tu juicio 🤔 Te contaré sobre la vez que casi me arranca un ojo y cómo he aprendido a manejar estas situaciones 😅
Compartiré contigo cómo Pupusito se ha recuperado de sus cirugías y cómo vive sin dientes 🦷 También hablaré sobre los problemas que tiene por no tener cola y cómo los manejamos 🐾
Este capítulo te ayudará a entender mejor cómo nos sentimos los veterinarios cuando operamos a nuestras propias mascotas y cómo puedes prepararte emocionalmente para las cirugías de tu gatito 💖 No te lo pierdas
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Operaciones de Pupusito: cómo afrontar la cirugía de un gato
Pupusito pasó por dos operaciones en sus primeras semanas junto a Esther: la amputación de una cola gravemente quemada y, menos de quince días después, la castración combinada con una exploración quirúrgica de su fémur fracturado. Durante los doce años siguientes llegaron limpiezas dentales, sedaciones para pruebas, una extracción dental completa y la colocación de una sonda esofágica.
Aunque Esther es veterinaria felina, las anestesias de su propio gato también le generan nervios. Conocer el procedimiento ayuda, pero no elimina el vínculo emocional ni la preocupación que siente cualquier persona cuando su animal entra en quirófano.
La primera operación: amputación de la cola
Cuando Pu llegó al hospital tenía unos cinco meses y la cola completamente quemada. El equipo intentó tratar la lesión, pero la piel no se regeneraba y el tejido comenzó a necrosarse. Mantenerlo habría prolongado el dolor y aumentado el riesgo de infección.
La solución fue una caudectomía radical: amputar prácticamente toda la cola y conservar únicamente una pequeña porción sana en la base. Esther todavía no figuraba oficialmente como su cuidadora y no presenció la intervención. Al regresar y verlo recién operado, la impresión fue tan fuerte que se puso a llorar.
La amputación no podía deshacer el daño sufrido, pero sí retirar el tejido inviable y darle la oportunidad de recuperarse. Cuando ambos llegaron a su nueva casa, Pu ya llevaba los puntos y empezaba su vida sin cola.
Una segunda anestesia menos de quince días después
Poco después se realizó la castración y se valoró quirúrgicamente el fémur roto. La fractura ya estaba consolidando y corregirla habría exigido romper de nuevo el tejido formado y colocar un sistema de fijación. El traumatólogo consideró que someter a un gatito tan joven a aquel procedimiento no era la mejor opción.
Pu conservó una pata algo más corta. Esa decisión no significó olvidar la lesión, sino asumir sus secuelas y vigilar durante su vida la movilidad y el dolor articular.
Realizar dos anestesias en poco tiempo preocupaba a Esther, que llevaba alrededor de un año ejerciendo. Las intervenciones eran necesarias, pero la seguridad anestésica nunca se da por supuesta.
Limpiezas dentales y extracción de los dientes
Durante los años siguientes, Pupusito recibió varias limpiezas dentales bajo anestesia. Estos procedimientos permiten explorar y limpiar por debajo de la encía, obtener radiografías y tratar las piezas afectadas; una limpieza superficial con el gato despierto no consigue esos objetivos.
En 2023 necesitó una intervención mucho más larga: la extracción completa de los dientes que conservaba. Las radiografías y el estado de su boca indicaban que mantenerlos prolongaría el dolor. La cirugía duró varias horas y fue realizada por un profesional con experiencia en odontología y analgesia felinas.
Perder los dientes puede parecer una medida extrema, pero los gatos suelen adaptarse bien cuando se elimina una fuente crónica de dolor. La calidad de vida depende más de tener una boca confortable que de conservar piezas enfermas.
Sedaciones para pruebas y una sonda esofágica
Pu también recibió gabapentina prescrita antes de algunas analíticas y ecografías. No es una anestesia general, pero puede reducir miedo y facilitar una manipulación más tranquila. La pauta debe individualizarla el veterinario; no se utiliza una dosis improvisada ni medicación de otro animal.
Cuando llevaba varios días sin comer y existía sospecha de pancreatitis, necesitó sedación para colocar una sonda esofágica. Este dispositivo permite aportar nutrición y medicación sin forzar la boca. En gatos, sostener una ingesta adecuada es especialmente importante porque el ayuno prolongado puede causar complicaciones graves.
Cómo vive una veterinaria la anestesia de su gato
La experiencia profesional no convierte al propio gato en un paciente cualquiera. Durante las primeras sedaciones, Esther procuraba tener cerca a su jefe o a otro miembro del equipo por si surgía una emergencia. Ese apoyo añadía seguridad y le permitía separar, en lo posible, el papel clínico del emocional.
En la extracción dental pudo mantenerse más tranquila porque no operaba ella y confiaba en el profesional y la clínica. Concentrarse en la técnica también ayudó a gestionar la impresión de ver sangrar a Pu durante un procedimiento en el que ese sangrado era esperable y estaba controlado.
Con el paso de los años, Pupusito se ha recuperado bien de las sedaciones. Ese historial favorable aporta información, pero no garantiza que la siguiente anestesia esté libre de riesgo. La confianza debe acompañarse siempre de evaluación, preparación, monitorización y capacidad de respuesta.
Cómo se reduce el riesgo anestésico
Antes de operar, el equipo valora la historia clínica, explora al gato y decide si necesita análisis u otras pruebas. La edad por sí sola no impide anestesiar; importa su estado general, las enfermedades existentes y cómo se adapta el protocolo.
Durante el procedimiento se controlan parámetros como oxigenación, frecuencia cardiaca, presión arterial, ventilación y temperatura. Los gatos pierden calor con facilidad, por lo que mantenerlos calientes forma parte de la seguridad. La analgesia debe planificarse antes, durante y después de la intervención.
Al volver a casa hay que seguir las instrucciones sobre comida, medicación, actividad y protección de la herida. Dificultad respiratoria, sangrado persistente, dolor intenso, vómitos repetidos, incapacidad para mantenerse en pie o deterioro progresivo requieren contacto urgente con la clínica.
Prepararse emocionalmente para una cirugía
Pedir que expliquen el procedimiento, los riesgos, la monitorización y el plan de dolor puede reducir la incertidumbre. También conviene saber quién atenderá al gato, cuánto tiempo permanecerá ingresado y qué señales habrá que vigilar durante la recuperación.
Sentir miedo no significa desconfiar del equipo. Las cirugías y anestesias son procesos delicados, y los propios veterinarios experimentan esa preocupación cuando el paciente forma parte de su familia. Compartir las dudas permite tomar decisiones informadas y acompañar mejor al gato.
En el episodio 270 de La Píldora Felina hablamos de las operaciones y sedaciones de Pupusito, desde la amputación de su cola hasta la extracción dental, y de cómo Esther afronta la anestesia de su propio gato.
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