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761. Enfermedades DEGENERATIVAS del SNC (Sistema Neurológico Central)

lunes, 7 de septiembre de 2026 00:26:33

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Descripción del episodio

💙 ¿Tu gato senior se queda mirando una pared, maúlla por la noche o parece perderse dentro de casa y lo has atribuido simplemente a la edad?

🧡 ¿Sabías que una caída, un cambio de carácter o un salto mal calculado pueden ser una pista del sistema nervioso central?

🩵 ¿Y si te dijera que algunos cambios aparentemente pequeños pueden avisarnos de una enfermedad neurológica progresiva?


Hoy hablaremos sobre las enfermedades degenerativas del sistema nervioso central en los gatos y primero te explicaré qué es exactamente este sistema para que entiendas qué puede fallar y cómo se manifiesta.


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Enfermedades degenerativas del sistema nervioso central en gatos

Las enfermedades degenerativas del sistema nervioso central provocan una pérdida progresiva de estructura o función en determinadas células y circuitos nerviosos. En un gato pueden manifestarse como desorientación, cambios de conducta, problemas de equilibrio, movimientos imprecisos, debilidad o alteraciones de la marcha. Ninguno de estos signos debe atribuirse automáticamente a la edad.

“Degenerativo” describe una forma de evolución, pero no identifica por sí solo la enfermedad. Tampoco significa necesariamente cáncer, demencia ni ausencia de opciones para mejorar el bienestar. Antes de llegar a esa conclusión hay que descartar otras causas, algunas de ellas tratables.

Qué es el sistema nervioso central

El sistema nervioso central está formado por el encéfalo y la médula espinal. Recibe información del cuerpo y del entorno, la interpreta y coordina respuestas relacionadas con el movimiento, la postura, el equilibrio, la percepción, la conducta y muchas funciones automáticas.

Dentro del encéfalo hay áreas con funciones diferentes:

  • El cerebro anterior interviene en la conducta, la orientación, el aprendizaje, la visión y el inicio consciente del movimiento.
  • El cerebelo ajusta la precisión, amplitud y coordinación de los movimientos.
  • El tronco encefálico participa en la consciencia, la postura, el equilibrio y funciones vitales.
  • El sistema vestibular ayuda a mantener el equilibrio y a interpretar la posición de la cabeza; tiene componentes centrales y periféricos.

La médula espinal comunica el encéfalo con el resto del cuerpo y organiza reflejos. Una lesión en ella puede causar debilidad, parálisis, marcha incoordinada, colocación anormal de las patas o alteraciones urinarias y fecales.

Los nervios que conectan estas estructuras con músculos, piel y órganos pertenecen al sistema nervioso periférico. Por eso, un problema neurológico no siempre está en el cerebro y una alteración al caminar ni siquiera tiene que ser neurológica: el dolor articular, los músculos y distintas enfermedades metabólicas también pueden modificar la marcha.

Qué significa que una enfermedad sea degenerativa

En un proceso degenerativo, determinadas células, fibras o circuitos nerviosos pierden función de manera progresiva. El deterioro puede ser lento y difícil de reconocer cuando se convive con el gato todos los días. También puede haber jornadas mejores y peores sin que la enfermedad haya dejado de avanzar.

No debe confundirse “crónico” con “degenerativo”. Una enfermedad crónica dura mucho tiempo, mientras que una degenerativa implica una pérdida progresiva de estructura o función. Un problema puede ser crónico sin ser degenerativo.

En gatos existen distintos procesos dentro de este grupo. Algunos son hereditarios y pueden aparecer en animales jóvenes; otros afectan principalmente a gatos mayores. En ciertos casos el diagnóstico concreto requiere una valoración neurológica avanzada y no siempre puede confirmarse de forma definitiva durante la vida.

Disfunción cognitiva en gatos mayores

El síndrome de disfunción cognitiva felina es uno de los procesos más conocidos. Puede afectar a la orientación, la memoria, el aprendizaje, el ciclo de sueño, la interacción social, la actividad y los hábitos de eliminación.

Algunas señales compatibles son:

  • Perderse en lugares conocidos o quedar bloqueado detrás de muebles.
  • Mirar fijamente paredes o rincones.
  • Vocalizar más durante la noche.
  • Dormir a horas distintas o deambular sin un objetivo aparente.
  • Cambiar su relación con personas u otros animales.
  • Orinar o defecar fuera del arenero.
  • Mostrar irritabilidad, aislamiento o dependencia nuevos.

Sin embargo, la disfunción cognitiva es un diagnóstico de exclusión. Dolor por artrosis, hipertensión, hipertiroidismo, enfermedad renal, pérdida de visión o audición y lesiones intracraneales pueden causar cambios parecidos. Una conducta nueva en un gato sénior merece una evaluación médica.

Señales neurológicas que pueden verse en casa

Las alteraciones del equilibrio y la coordinación pueden incluir cabeza inclinada, caídas hacia un lado, movimientos involuntarios de los ojos, marcha tambaleante, patas muy separadas, temblor al intentar alcanzar algo o saltos mal calculados. La ataxia —la incoordinación al moverse— es un signo, no un diagnóstico.

También pueden aparecer debilidad, arrastre de patas, desgaste anormal de las uñas, apoyo del dorso de una extremidad o dificultad para levantarse. Conviene observar si el cambio afecta a una o varias patas, si hay dolor y si comenzó de manera repentina o gradual.

Las convulsiones no siempre consisten en una pérdida de consciencia con movimientos de todo el cuerpo. Algunos episodios focales son más discretos: mirada fija, salivación, movimientos repetidos de la cara o de una extremidad, o una conducta extraña que se repite de forma breve.

Si ocurre un episodio y es seguro hacerlo, un vídeo del cuerpo completo puede aportar mucha información. Es útil anotar la duración real, la recuperación posterior, la frecuencia y la evolución. Grabar nunca debe retrasar una urgencia ni poner al gato en riesgo. Durante una convulsión no se debe meter la mano en su boca, intentar sujetarle la lengua ni inmovilizarlo.

Cómo se investiga la causa

La evaluación comienza con la historia clínica, la exploración física y una exploración neurológica. El primer objetivo es localizar qué parte del sistema parece afectada; después se buscan las posibles causas.

En un gato mayor puede ser necesario comprobar la presión arterial y la visión, realizar análisis de sangre y orina, valorar la función tiroidea y revisar dolor, medicación y posibles tóxicos. Según los hallazgos, pueden recomendarse pruebas avanzadas como resonancia magnética, análisis del líquido cefalorraquídeo o estudios infecciosos y genéticos seleccionados.

Este proceso permite descartar enfermedades vasculares, inflamatorias, infecciosas, metabólicas, tóxicas, traumáticas o neoplásicas. Aunque algunas degeneraciones solo puedan diagnosticarse de forma presuntiva, excluir causas tratables sigue siendo esencial.

Cuándo es una urgencia veterinaria

Hay que buscar atención inmediata ante:

  • Una convulsión que se prolonga varios minutos.
  • Varias convulsiones seguidas o falta de recuperación entre ellas.
  • Incapacidad repentina para mantenerse en pie.
  • Parálisis o debilidad que progresa rápidamente.
  • Alteración marcada de la consciencia.
  • Ceguera súbita.
  • Presión persistente de la cabeza contra una superficie.
  • Dolor intenso en el cuello o la espalda.
  • Sospecha de caída, traumatismo o intoxicación.

Un signo súbito no encaja con asumir sin más una degeneración lenta. Esperar porque el gato es mayor puede retrasar el tratamiento de una urgencia.

Qué puede hacerse para ayudar al gato

El tratamiento depende de la causa. Aunque no siempre sea posible recuperar el tejido nervioso perdido, sí se pueden tratar enfermedades concurrentes, controlar síntomas, prevenir accidentes y adaptar el entorno.

Puede ayudar mantener rutinas previsibles, facilitar el acceso a comida, agua y areneros, evitar saltos peligrosos y adaptar el juego a la capacidad real del gato. Comparar vídeos tomados con semanas o meses de diferencia permite detectar cambios graduales en la forma de girar, caminar, saltar o entrar en el arenero.

No existe un suplemento universal que regenere el sistema nervioso. Cualquier dieta o producto debe valorarse dentro de un plan individual y teniendo en cuenta otras enfermedades y tratamientos. No poder curar una degeneración no significa que no se pueda proteger la calidad de vida.

En el episodio 761 de La Píldora Felina hablamos de qué son las enfermedades degenerativas del sistema nervioso central, qué señales producen y cuándo un cambio neurológico requiere atención urgente.

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