526. Leishmaniosis felina
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Si ves una herida que no cura en la oreja o en la nariz, ¿sabes qué van a necesitar hacer en la clínica para descartar leishmaniosis felina?
Hoy hablaremos sobre la Leishmaniosis felina, como detectarla y tratarla.. si es que se puede!!
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Leishmaniosis felina: síntomas, diagnóstico y prevención
La leishmaniosis suele asociarse a los perros, pero los gatos también pueden infectarse. Aunque la enfermedad clínica felina es poco frecuente y probablemente está infradiagnosticada, conviene conocerla si el gato vive o ha viajado a una zona endémica, como muchas áreas de la cuenca mediterránea.
Una úlcera persistente en la oreja o la nariz no confirma una leishmaniosis, pero sí merece una revisión. Existen muchas enfermedades con un aspecto parecido y el diagnóstico no debe basarse únicamente en la lesión.
Cómo se transmite la leishmaniosis a los gatos
La causa más habitual en nuestro entorno es el protozoo Leishmania infantum. Su principal vía de transmisión es la picadura de una hembra de flebótomo infectada. No se contagia por convivir, acariciar o compartir comederos con un gato positivo.
Los flebótomos son pequeños insectos especialmente activos desde el atardecer y durante las noches cálidas. El riesgo depende de la zona, la estación, los viajes y el acceso al exterior. La infección puede permanecer sin signos clínicos; la aparición de enfermedad parece más probable en algunos gatos con inmunosupresión o patologías concurrentes.
Síntomas que pueden despertar sospechas
Las manifestaciones son variables y ninguna es exclusiva de la leishmaniosis. Entre las más descritas se encuentran:
- Nódulos, costras, dermatitis o úlceras que no cicatrizan, especialmente en orejas, nariz y extremidades.
- Ganglios aumentados de tamaño.
- Pérdida de peso, apatía o disminución del apetito.
- Conjuntivitis, inflamación ocular, blefaritis u otros problemas en los ojos.
- Lesiones orales, sangrado nasal o alteraciones de las uñas en algunos casos.
Si una lesión cutánea persiste, el gato pierde peso o presenta dolor o inflamación ocular, pide una cita. Informa al veterinario de los lugares donde ha vivido o viajado y de cualquier exposición nocturna al exterior.
Cómo se diagnostica
No existe una única prueba perfecta para todos los casos. El diagnóstico combina los signos, la exposición y varias técnicas:
- Citología o biopsia: permite buscar el parásito en una lesión o un ganglio.
- PCR: detecta material genético de Leishmania; la elección de la muestra influye en el resultado.
- Serología cuantitativa: busca anticuerpos y debe interpretarse dentro del contexto clínico.
- Evaluación general: hemograma, bioquímica, proteínas, análisis de orina y cuantificación de la proteinuria.
También puede ser necesario comprobar FIV y FeLV y descartar tumores, enfermedades inmunomediadas, infecciones por hongos u otras causas de lesiones parecidas. Una prueba positiva indica infección o exposición según la técnica utilizada, pero no siempre demuestra que Leishmania sea la responsable de todos los síntomas.
Tratamiento: evidencia todavía limitada
Los protocolos felinos están mucho menos estandarizados que los caninos. El alopurinol es el fármaco utilizado con mayor frecuencia, pero su uso debe ser prescrito y vigilado por un veterinario. Otros medicamentos se reservan para casos seleccionados porque la información sobre eficacia y seguridad en gatos es limitada.
El tratamiento puede mejorar los signos, pero son posibles las recaídas. Por eso hacen falta controles clínicos y analíticos, además de tratar el dolor, las lesiones cutáneas, los problemas oculares y cualquier enfermedad concurrente.
No administres al gato medicamentos destinados a un perro ni copies sus dosis. La tolerancia y el metabolismo no son equivalentes.
Cómo reducir el riesgo de picaduras
La prevención se centra en disminuir el contacto con flebótomos:
- Mantén al gato dentro de casa desde el atardecer hasta el amanecer en épocas de actividad del vector.
- Instala mosquiteras de malla fina y reduce materia orgánica acumulada en el exterior.
- Consulta qué producto repelente es seguro, está autorizado y resulta adecuado en tu país.
- Refuerza las precauciones antes de viajar a zonas endémicas.
Nunca utilices permetrina ni otros antiparasitarios caninos sin indicación veterinaria: algunos piretroides son extremadamente tóxicos para los gatos. No existe una vacuna comercial felina contra la leishmaniosis.
La protección debe ajustarse al riesgo real de cada gato. Reconocer las lesiones persistentes y explicar sus antecedentes de viaje puede ser tan importante como cualquier medida preventiva.
En el episodio 526 de La Píldora Felina hablamos de cómo se transmite la leishmaniosis felina, qué signos pueden hacerla sospechar y cómo se diagnostica, trata y previene.
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