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Imagen del episodio 212. Cuidado con la basura en el paseo con Kai Mercadé

212. Cuidado con la basura en el paseo con Kai Mercadé

martes, 30 de julio de 2024 00:30:37

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Descripción del episodio

¿Crees que peligrosa la calle para un gato que sale solo a pasear? ¿Y si sale contigo? ¿También puede encontrase con peligros? ¿Cómo puedes vigilar que la zona donde tu gato sale sea segura para él?

Hoy hablaremos sobre los gatos que salen a pasear, y te daremos algunos consejos para que si quieres salir con tu gato a la calle sea lo más seguro posible

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✅ Notas del programa:

https://www.pupusito.cat/podcast/212-cuidado-con-la-basura-en-el-paseo


En este capítulo te voy a contar sobre los peligros que puedes encontrar al sacar a pasear a tu gato. 🐱🌳 Hablamos de cigarrillos, cacas de perro y basura, cosas que pueden poner en riesgo la salud de tu gato. 🐾 También mencionamos los perros que pueden atacar a tu gato mientras paseas. 🐶 Además, te cuento una anécdota sobre un gato que nos atacó a Pupusito y a mí durante uno de nuestros paseos. 🐾😱

Para evitar estos peligros, mi hijo Kai y yo te recomendamos que inspecciones la zona de paseo antes de salir. 🕵️‍♀️ Si encuentras basura, recógela para proteger a tu gato y al planeta 🌍 Si decides pasear a tu gato, es mejor hacerlo durante la madrugada o en horas de menos tráfico de perros 🌞

También hablamos de nuestro transportín mochila, que usamos para proteger a Pupusito cuando vemos perros 🎒

Si llevas a tu gato en un transportín, asegúrate de que esté cómodo y seguro!!🛡️

A lo largo del episodio, Kai y yo compartimos distintas anécdotas y consejos prácticos para que tu gato esté seguro durante los paseos. 🐾💬 Además, recordamos que los riesgos no solo vienen de los perros y la basura, sino también de otros gatos sueltos que pueden ser territoriales 🐱⚠️

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¡Hasta la próxima! ✨👋

Leer más sobre este tema

Pasear con un gato: cómo evitar basura, tóxicos y encuentros peligrosos

Salir al exterior con un gato puede ofrecerle olores, sonidos y experiencias nuevas, pero no es una actividad adecuada para todos. Un paseo seguro no consiste en colocarle un arnés y cruzar la puerta. Requiere preparación, observar cómo responde el gato y revisar un entorno que contiene riesgos muy distintos a los de casa.

Colillas, restos de comida, excrementos, cristales, productos químicos y animales sueltos pueden aparecer incluso en un parque aparentemente tranquilo. La mejor protección es anticiparse: conocer la zona, acostumbrar al gato al equipo sin prisas y tener un plan para volver a un lugar seguro.

No todos los gatos quieren salir a pasear

Algunos gatos sienten curiosidad por el exterior y aprenden a explorar con arnés. Otros se bloquean, intentan huir o viven la experiencia con miedo. El paseo no es una obligación ni una condición para que un gato sea feliz. Un hogar enriquecido, un balcón protegido o un recinto exterior seguro pueden ofrecer estimulación sin exponerlo a la calle.

Antes de plantear una salida, conviene observar su temperamento. Un gato que se asusta con facilidad, entra en pánico al oír ruidos o rechaza el arnés quizá no disfrute del paseo. Forzarlo puede aumentar su estrés y el riesgo de escape.

Las primeras experiencias deben hacerse dentro de casa. Se presenta el arnés, se asocia con premios y se aumenta gradualmente el tiempo de uso. Solo cuando el gato se mueve con normalidad se añade la correa. Esta adaptación puede durar días o semanas.

El equipo básico para un paseo seguro

Un collar por sí solo no ofrece suficiente seguridad para pasear a un gato. Su anatomía y su capacidad para retroceder hacen que pueda liberarse con facilidad. Es preferible un arnés bien ajustado y diseñado para evitar escapes, unido a una correa resistente.

Antes de salir hay que comprobar:

  • que el arnés no esté demasiado flojo ni limite la respiración o el movimiento;
  • que cierres, costuras y mosquetones estén en buen estado;
  • que el gato no pueda sacar los hombros al caminar hacia atrás;
  • que el microchip esté registrado y los datos de contacto actualizados;
  • que lleve la protección antiparasitaria indicada para su riesgo y zona.

También es útil llevar un transportín seguro. No es solo el medio para llegar al lugar de paseo: funciona como refugio y permite retirar al gato rápidamente si aparece un perro, otro gato, maquinaria o cualquier situación que lo altere. Conviene que el transportín ya sea un espacio familiar y positivo para él.

Una correa muy larga amplía el radio de exploración, pero también dificulta reaccionar ante un peligro. Cerca de carreteras, arbustos densos o zonas con otros animales, una distancia más corta ofrece mayor control. Nunca se debe atar la correa a un objeto ni dejar al gato sin supervisión.

Inspeccionar la zona antes de llevar al gato

Un lugar tranquilo de noche puede ocultar peligros que serían fáciles de ver con luz. Por eso es recomendable recorrer el área primero sin el gato, preferiblemente de día, y volver a observarla a la hora prevista para el paseo.

Hay que fijarse en:

  • tráfico, bicicletas y maquinaria;
  • presencia habitual de perros sueltos;
  • colonias o rutas de otros gatos;
  • escondites de los que sería difícil sacar al animal;
  • plantas potencialmente tóxicas;
  • basura, cristales, anzuelos, hilos o latas abiertas;
  • charcos, anticongelante, combustible u otros líquidos;
  • productos para controlar plagas o tratar jardines.

La inspección no garantiza que nada cambie, pero permite descartar lugares con riesgos evidentes. Un espacio pequeño, conocido y con una vía de retirada clara suele ser mejor que un parque amplio e imprevisible.

Colillas y nicotina: una urgencia potencial

Las colillas no son residuos inofensivos. Los cigarrillos, el tabaco, las bolsas de nicotina, los parches, los chicles de nicotina y los líquidos de vapeo pueden intoxicar a perros y gatos. El líquido de los cigarrillos electrónicos añade un riesgo especial por su concentración y rápida absorción.

Los signos de intoxicación pueden aparecer pronto e incluyen:

  • vómitos, diarrea o salivación;
  • agitación o decaimiento;
  • falta de coordinación y debilidad;
  • temblores o convulsiones;
  • alteraciones del ritmo cardiaco y la respiración.

Si el gato lame, muerde o ingiere una colilla o cualquier producto con nicotina, hay que contactar inmediatamente con un veterinario. No se debe esperar a que aparezcan síntomas ni provocar el vómito sin indicación profesional. Si es posible, se lleva el envase o una muestra del producto para facilitar la valoración.

Restos de comida y basura

Aunque muchos gatos no recogen comida del suelo como lo haría un perro, basta un momento de curiosidad para que laman grasa, muerdan un envase o traguen algo. Los restos pueden contener alimentos tóxicos, medicamentos, huesos, moho o sustancias desconocidas. Plásticos, cordeles y envoltorios también pueden causar una obstrucción digestiva.

La conducta más segura es impedir el contacto. No conviene permitir que el gato meta la cabeza en papeleras o bolsas, y tampoco retirar un objeto tirando de él si ya ha tragado parte de un hilo: un cuerpo extraño lineal puede lesionar el aparato digestivo. En ese caso se necesita valoración veterinaria.

Los charcos merecen la misma cautela. Pueden contener productos químicos, agua contaminada o restos de líquidos procedentes de vehículos. El anticongelante, por ejemplo, puede causar una intoxicación grave. Un derrame con color u olor extraño es motivo suficiente para alejarse.

Excrementos y riesgo de infección

Los excrementos de otros animales pueden contener huevos o formas infectantes de parásitos, bacterias y otros microorganismos. El riesgo no depende únicamente de que el gato se los coma: puede pisar una zona contaminada y lamerse después durante el acicalamiento.

Evitar el contacto, mantener la desparasitación ajustada al estilo de vida y revisar las patas al volver reduce la exposición. Si el gato desarrolla diarrea, vómitos, apatía o pérdida de apetito tras una salida, conviene explicar al veterinario dónde estuvo y qué pudo tocar.

Perros y otros gatos: mantener distancia

Un perro con buena conducta puede excitarse al ver un gato. Del mismo modo, un gato del barrio puede interpretar al visitante como un intruso en su territorio. No hay que confiar en que ambos “se entenderán” al acercarse.

Cuando aparece otro animal, la prioridad es aumentar la distancia con calma. Si el gato ya está acostumbrado al transportín, puede entrar en él antes de que el encuentro se complique. Levantarlo en brazos mientras está asustado puede terminar en arañazos o mordeduras redirigidas, además de dejarlo expuesto si el perro salta.

No se debe soltar la correa para que huya. Un gato asustado puede cruzar una carretera, trepar hasta un lugar inaccesible o perderse. Si el otro animal se aproxima, se pide a su responsable que lo retire y se abandona la zona.

Qué hacer si el gato entra en pánico

Agacharse, hablar bajo y evitar tirones bruscos ayuda a no aumentar la activación. Si es posible, se le guía hacia el transportín o se utiliza una manta para contenerlo sin enfrentarse directamente a sus dientes y uñas. La salida termina en ese momento; insistir para que “se acostumbre” puede empeorar la asociación con el exterior.

Tras una mordedura profunda, sea del propio gato o de otro animal, una persona debe buscar atención sanitaria. Las mordeduras felinas pueden inocular bacterias en profundidad aunque la herida parezca pequeña. El gato también necesita revisión si ha sufrido un ataque o una caída, incluso cuando no se observan lesiones externas.

Una rutina de paseo prudente

Una salida bien planificada puede seguir esta secuencia:

  1. Revisar el lugar sin el gato y comprobar la actividad habitual a esa hora.
  2. Preparar arnés, correa, transportín, identificación y premios.
  3. Transportar al gato hasta una zona protegida en lugar de cruzar espacios peligrosos en brazos.
  4. Dejar que marque el ritmo, sin arrastrarlo ni obligarlo a avanzar.
  5. Mantener la atención en el suelo, el entorno y los demás animales.
  6. Terminar antes de que aparezca miedo, fatiga o irritación.
  7. Al volver, revisar patas, piel, arnés y estado general.

El objetivo no es recorrer una distancia determinada. Un gato puede pasar varios minutos oliendo el mismo punto y considerar esa experiencia suficiente. La calidad del paseo depende de que conserve capacidad de elegir y una ruta de retirada, no de imitar la caminata de un perro.

Pasear con un gato puede ser enriquecedor si él lo disfruta, pero la seguridad empieza antes de salir. Inspeccionar la zona con luz, evitar basura y tóxicos, mantener distancia de otros animales y llevar un refugio portátil transforma una salida improvisada en una actividad realmente supervisada.

En el episodio 212 de La Píldora Felina hablamos de los peligros que puede encontrar un gato durante un paseo y de cómo anticiparse a la basura, los tóxicos y los encuentros con otros animales.

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