111. Infecciones que suben: la pielonefritis
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Descripción del episodio
¿Sabes que las infecciones de orina que no se curan bien pueden acabar en un problema mucho más complicado? ¿Conoces todas las partes del sistema urinario de tu gato?
Hoy hablaremos sobre las pielonefritis y qué síntomas te pueden hacer sospechar de esta enfermedad tan puñetera.
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✅ Notas del programa: https://www.pupusito.cat/podcast/111-infecciones-que-suben-la-pielonefritis
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Esther Mercadé te lleva en un viaje para entender la raíz de esta enfermedad, su causa puede ser una infección que llega al riñón a través de la sangre o la orina 🌡️🩸🚽
Aprenderás cómo los síntomas de esta enfermedad pueden ser ambiguos al principio, desde pérdida de apetito, letargo hasta dolor abdominal 😿🍽️😴 Pero si tu gato tiene más sed y hace más pipí, podría ser una señal de esta inflamación. 💧💦🚰
Esther Mercadé te ayudará a detectar estos signos y te dará consejos sobre cómo conseguir una muestra de orina de tu gato, ¡un gran avance en el diagnóstico! 🐾💪🏽🔍
En este episodio, también te recordará la importancia de respetar los tratamientos que te paute tu veterinaria.💊💯 Saltarse una dosis o dar la medicación a medias puede llevar a complicaciones graves. Por lo tanto, es crucial seguir las pautas al pie de la letra. 📋👍🏽
Es una combinación de ciencia, cuidado y amor por nuestros amigos felinos. ¡Escucha y aprende a cuidar mejor a tu gato! 🎧🎓👏🏽
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Pielonefritis en gatos: síntomas de una infección renal
La pielonefritis es una inflamación del riñón, habitualmente asociada a una infección bacteriana que afecta a la pelvis renal y al tejido renal. Puede aparecer cuando los microorganismos ascienden desde las vías urinarias inferiores o, con menor frecuencia, llegan al riñón a través de la sangre.
No es lo mismo que una cistitis. La cistitis afecta a la vejiga, mientras que la pielonefritis compromete uno o ambos riñones y puede causar una enfermedad general más grave. Necesita diagnóstico y tratamiento veterinarios; no puede confirmarse por los síntomas ni tratarse en casa.
Cómo puede llegar una infección al riñón
La vía más frecuente es la ascendente. Las bacterias entran en el aparato urinario, alcanzan la vejiga y pueden avanzar por los uréteres hasta el riñón. Una infección urinaria persistente, complicada o tratada de forma inadecuada aumenta la preocupación por esta progresión, aunque no todas las cistitis están causadas por bacterias ni todas evolucionan hacia una pielonefritis.
Otra posibilidad es la diseminación por la sangre durante una infección sistémica. En estas situaciones, los microorganismos pueden alcanzar diferentes órganos, incluidos los riñones. Se trata de cuadros potencialmente graves que suelen ir acompañados de un deterioro importante del estado general.
Qué gatos tienen mayor riesgo
La pielonefritis puede afectar a cualquier gato, pero algunas enfermedades y cambios asociados a la edad favorecen las infecciones urinarias complicadas. Entre los pacientes que requieren especial vigilancia se encuentran:
- gatos mayores;
- gatos con diabetes mellitus;
- pacientes con enfermedad renal crónica;
- gatos con alteraciones anatómicas o funcionales del aparato urinario;
- animales inmunodeprimidos o con otras enfermedades que dificultan reconocer los signos.
El hipertiroidismo y otras patologías concurrentes pueden producir pérdida de peso, cambios de apetito, más sed o más orina. Estos signos se solapan con los de otros trastornos y pueden enmascarar el problema renal. Por eso no conviene atribuirlos automáticamente a una enfermedad ya conocida.
Síntomas de pielonefritis en gatos
Los signos varían mucho. Algunos gatos presentan un cuadro evidente y otros muestran cambios poco específicos, sobre todo si son mayores o tienen enfermedades crónicas. Los síntomas descritos con mayor frecuencia incluyen:
- apatía o letargo;
- pérdida de apetito;
- fiebre;
- vómitos;
- dolor abdominal o en la zona lumbar;
- aumento de la sed;
- aumento del volumen de orina;
- pérdida de peso;
- signos urinarios como micciones frecuentes o molestias al orinar.
La ausencia de dolor visible o de fiebre no descarta una infección renal. Los gatos tienden a ocultar el malestar y pueden limitarse a dormir más, aislarse o comer menos. Un gato que deja de comer, está muy decaído, vomita repetidamente o muestra dolor necesita valoración veterinaria rápida.
Si entra en el arenero, hace fuerza y no consigue orinar, especialmente si es macho, se debe acudir a urgencias. Ese patrón puede corresponder a una obstrucción urinaria, una situación distinta pero también potencialmente mortal.
Cómo se diagnostica una infección renal
Los síntomas por sí solos no identifican la pielonefritis. El veterinario combina la exploración clínica con análisis de sangre y orina y, cuando está indicado, pruebas de imagen como la ecografía. Los resultados permiten valorar la función renal, buscar inflamación y detectar alteraciones del aparato urinario.
El cultivo de orina puede ser decisivo para confirmar una infección bacteriana y conocer a qué antibióticos es sensible el microorganismo. Para que el resultado sea fiable, la muestra debe obtenerse y manejarse correctamente. Con frecuencia se recoge directamente de la vejiga mediante una técnica veterinaria estéril, ya que una muestra tomada del arenero puede contaminarse.
Una muestra recogida en casa puede servir para algunas observaciones, pero no siempre es adecuada para un cultivo. Antes de intentar obtenerla conviene preguntar a la clínica qué necesita, qué recipiente debe utilizarse y cómo conservarla. Tampoco se deben iniciar antibióticos sobrantes antes de recoger la muestra, porque pueden alterar el resultado.
Tratamiento de la pielonefritis
El tratamiento depende del estado del gato, la bacteria identificada, la función renal y las enfermedades asociadas. Puede requerir antibióticos elegidos según el cultivo, control del dolor, fluidoterapia, medicación contra las náuseas y soporte nutricional. Los casos graves pueden necesitar hospitalización.
No todos los antibióticos alcanzan de la misma manera el tejido renal ni sirven contra todas las bacterias. Dar un fármaco que quedó de otro tratamiento, modificar la dosis o suspenderlo porque el gato parece encontrarse mejor puede impedir la curación y favorecer recaídas o resistencias.
La pauta veterinaria debe respetarse en dosis, frecuencia y duración. Si administrar la medicación resulta difícil o aparece un efecto adverso, hay que contactar con la clínica en vez de saltar tomas. También pueden recomendarse controles posteriores y nuevos cultivos para comprobar que la infección se ha resuelto.
Se puede prevenir una pielonefritis
No todos los casos son evitables, pero detectar antes los cambios urinarios y controlar las enfermedades predisponentes reduce riesgos. Conviene observar cuánta agua bebe el gato, con qué frecuencia usa el arenero, el tamaño de los aglomerados de orina y cualquier cambio en apetito, peso o actividad.
Mantener bandejas limpias y accesibles facilita la vigilancia. En gatos mayores, diabéticos o con enfermedad renal, las revisiones periódicas permiten buscar infecciones que pueden producir pocos síntomas. Si aparece un problema urinario, completar las pruebas y el seguimiento es tan importante como iniciar el tratamiento.
En el episodio 111 de La Píldora Felina hablamos de qué es la pielonefritis, cómo puede llegar una infección hasta el riñón, qué gatos tienen mayor riesgo y por qué es esencial respetar por completo el tratamiento veterinario.
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